La victoria del ex obispo Fernando Lugo en los comicios presidenciales paraguayos del pasado 20 de abril puede iniciar una importante época de intensos cambios políticos en la historia de la aún reciente democracia paraguaya; y es que la clara victoria del ex obispo ante la candidata oficialista, Blanca Ovelar, ha condenado a la oposición al hasta ahora hegemónico Partido Colorado, y todo indica que la heterogénea Alianza Patriótica para el Cambio (AP-C) está resuelta a reformular muchas de las alianzas y equilibrios internacionales en los que se asentaron los sucesivos gobiernos colorados con el fin de llevar a cabo una serie de cambios que, para los partidarios de Lugo, no supone sino la senda a recorrer para consolidar a Paraguay como un actor respetado y a tener en cuenta en la región.
Cambios que, obviamente, afectarían al status quo del equilibrio de poderes en la región y, muy especialmente, al papel a desarrollar por el Mercosur y a la continua batalla diplomática abierta entre Taiwán y la República Popular en torno a Mburuvicha Róga.
El triunfo de Lugo supondría, de confirmarse las señales enviadas por la coalición política triunfante, un cambio trascendental para las relaciones internacionales del país, entre las que destacaría el cambio de reconocimiento de Taipei por Beijing. Prueba de ello es la gran atención que se ha prestado desde Taiwán a toda la contienda electoral, ya que tal y como afirmó Simon Ko, director general para América Latina del Ministerio de Asuntos Exteriores, “la posibilidad de que en Paraguay sea elegido presidente un candidato partidario de China preocupa en la isla” (1), en clara alusión a F. Lugo.
El triunfo de Lugo supondría, de confirmarse las señales enviadas por la coalición política triunfante, un cambio trascendental para las relaciones internacionales del país, entre las que destacaría el cambio de reconocimiento de Taipei por Beijing. Prueba de ello es la gran atención que se ha prestado desde Taiwán a toda la contienda electoral, ya que tal y como afirmó Simon Ko, director general para América Latina del Ministerio de Asuntos Exteriores, “la posibilidad de que en Paraguay sea elegido presidente un candidato partidario de China preocupa en la isla” (1), en clara alusión a F. Lugo.
Es más, desde que se confirmó la victoria de la AP-C Taiwán ha iniciado una vertiginosa actividad diplomática para evitar que Lugo rompa lazos diplomáticos con Taipei, con declaraciones formales de Francisco Ou -Ministro de Exteriores taiwanés-, Phoebe Yeh –portavoz del M. de Exteriores-, Yang Tze-Pao –viceminsitro de Relaciones Exteriores-, Vincent Siew -vicepresidente-, David Hu –embajador de Taiwán en Paraguay- y del mismísimo presidente saliente Chen Shui-Bian, que no dudó en cursar una rápida invitación al ex obispo para visitar la isla. Actividad que se ha mantenido incluso después de que toda la prensa paraguaya, a sólo dos días del triunfo del ex obispo, se hiciera eco del deseo de éste de formalizar lazos diplomáticos con Zhonanghai, tras afirmar que “en el pueblo paraguayo, en los parlamentarios, hay un deseo de acercamiento con China continental.
Cuando yo decía que tendremos relaciones abiertas con todo el mundo, implíctamente está considerada China continental” (2).
A pesar de los intentos de las autoridades taiwanesas por recomponer la situación, los factores principales que podrían conducir a Lugo a romper relaciones diplomáticas con Taipei y establecerlas con Beijing se mantienen y son, en primer lugar, de orden económico. Y es que, en efecto, el mercado chino despierta grandes expectativas entre los empresarios paraguayos, básicamente agroexportadores, a los que les cuesta mucho más que a sus competidores del Mercosur desembarcar en China a causa de la falta de reconocimiento diplomático bilateral.
A pesar de los intentos de las autoridades taiwanesas por recomponer la situación, los factores principales que podrían conducir a Lugo a romper relaciones diplomáticas con Taipei y establecerlas con Beijing se mantienen y son, en primer lugar, de orden económico. Y es que, en efecto, el mercado chino despierta grandes expectativas entre los empresarios paraguayos, básicamente agroexportadores, a los que les cuesta mucho más que a sus competidores del Mercosur desembarcar en China a causa de la falta de reconocimiento diplomático bilateral.
En segundo lugar cabe citar el importantísimo desprestigio de las ayudas e inversiones taiwanesas en Paraguay, que se han visto a menudo relacionadas con casos de corrupción vinculados al partido Colorado, principalmente a causa de la falta de control de estas ayudas por parte de Taiwán, al contrario de lo que ocurre con los fondos a la cooperación de otros países, como la Unión Europea o Japón.
Es más, el último de esos escándalos se desató en plena campaña electoral, tras la donación de 5 millones de dólares por parte de Taiwán al gobierno de Duarte Frutos, que hizo temer a la oposición que el crédito fuera usado por el oficialismo para financiar su campaña electoral.
Es más, el último de esos escándalos se desató en plena campaña electoral, tras la donación de 5 millones de dólares por parte de Taiwán al gobierno de Duarte Frutos, que hizo temer a la oposición que el crédito fuera usado por el oficialismo para financiar su campaña electoral.
En el caso paraguayo, por tanto, las advertencias del analista Xulio Ríos se han cumplido a la perfección, ya que los créditos taiwaneses y “sus implicaciones en el fomento de la corrupción erosionan, además, la confianza en la sinceridad de su política y pueden reducir significativamente su margen de maniobra futuro, en beneficio de Beijing” (3).
Por último, cabe subrayar otro factor a tener en cuenta, que es el de la afinidad ideológica de Lugo, claramente escorado hacia los nuevos líderes de la izquierda iberoamericana, ya que tal y como afirma el analista Gustavo Cardozo, “no todo responde a factores de índole económica/comercial. Ambas partes, en vías de desarrollo, comparten una historia y aspiraciones similares, encontrándose actualmente más cercanas [...] producto del giro ideológico latinoamericano en los últimos años” (4).
Y es que al fin y al cabo, los referentes asumidos por los integrantes de la heterogénea AP-C van desde Bachelet hasta Chávez, y todos ellos mantienen profundas y crecientes relaciones con la R.P.C.
Por último, cabe analizar brevemente los posibles efectos que el cambio de reconocimiento diplomático paraguayo, de Taipei hacia Beijing, tendría para el Mercosur.
Por último, cabe analizar brevemente los posibles efectos que el cambio de reconocimiento diplomático paraguayo, de Taipei hacia Beijing, tendría para el Mercosur.
En primer lugar, es de destacar que Lugo es un firme defensor de la integración iberoamericana y, por tanto, es menos receptivo que Duarte Frutos a las quejas y reclamos de los grupos de presión excépticos con el Mercosur, entre los que destacan la Unión Industrial Paraguaya, el Centro de Importadores del Paraguay o la Federación para la Producción y el Comercio, con lo que el activismo y la presencia de Paraguay en el bloque podría incrementarse notablemente.
Sin duda, el reconocimiento diplomático paraguayo de Beijing ayudaría a reforzar el papel del Mercosur, ya que las negociaciones con China a menudo se veían paralizadas a causa de la alianza del gobierno de Duarte Frutos con Taiwán, sobre todo en el marco de las negociaciones en torno al hipotético Tratado de Libre Comercio a suscribir entre China y el Mercosur, tal y como se reflejó claramente al asumir Paraguay la Presidencia pro témpore del bloque en el primer semestre de 2005 (5).
A ello hay que añadir las más que probables presiones a las que se vería expuesto Fernando Lugo por parte de los demás miembros del bloque, en beneficio de Beijing, cuando éste asuma la Presidencia pro témpore, con el fin de facilitar las negociaciones políticas y económicas con el gigante asiático.
Por otro lado, debemos tener en cuenta que el establecimiento de relaciones bilaterales entre Asunción y Beijing supondría un mayor intercambio económico entre ambos países, y teniendo en cuenta el perfil agroexportador de la economía paraguaya, ello supondría reforzar el papel del Mercosur como suministrador de China de alimentos y materias primas –sobre todo en el caso uruguayo, paraguayo y argentino, e incluso venezolano si éste finalmente accede como miembro de pleno derecho del Mercosur, ya que basaría su relación con la R.P.C en el suministro de petróleo-, lo que a largo plazo podría ser desventajoso para el bloque; debemos tener en cuenta que China aprovisiona al Mercosur de productos manufacturados y ya supone una seria amenaza para muchas industrias –sobre todo argentinas, que no pudieron reaccionar a la competencia china tras la crisis económica de 2001-.
A ello hay que añadir las más que probables presiones a las que se vería expuesto Fernando Lugo por parte de los demás miembros del bloque, en beneficio de Beijing, cuando éste asuma la Presidencia pro témpore, con el fin de facilitar las negociaciones políticas y económicas con el gigante asiático.
Por otro lado, debemos tener en cuenta que el establecimiento de relaciones bilaterales entre Asunción y Beijing supondría un mayor intercambio económico entre ambos países, y teniendo en cuenta el perfil agroexportador de la economía paraguaya, ello supondría reforzar el papel del Mercosur como suministrador de China de alimentos y materias primas –sobre todo en el caso uruguayo, paraguayo y argentino, e incluso venezolano si éste finalmente accede como miembro de pleno derecho del Mercosur, ya que basaría su relación con la R.P.C en el suministro de petróleo-, lo que a largo plazo podría ser desventajoso para el bloque; debemos tener en cuenta que China aprovisiona al Mercosur de productos manufacturados y ya supone una seria amenaza para muchas industrias –sobre todo argentinas, que no pudieron reaccionar a la competencia china tras la crisis económica de 2001-.
Finalmente, el cambio diplomático en Mburuvicha Róga podría reforzar no sólo las relaciones económicas entre Mercosur y Beijing y su actual modelo de desarrollo, básicamente agroexportador, sino un mayor entendimiento político entre el gigante asiático y el Mercosur, quizá entendido como una reformulación del planteamiento chino de Cooperación Sur-Sur y del multilateralismo; estrategia en la que China ya ha tomado la iniciativa, integrándose y/o participando activamente desde los años noventa en organismos interamericanos e interregionales como el Banco Interamericano de Desarrollo, el APEC o la Organización de Estados Americanos, lo que sin duda contribuiría a reforzar el peso de ambas regiones en el tablero de la geopolítica mundial.
Referencias:
1 ABC Color, 15 de abril de 2008.
2 ABC Color, Última hora y La Nación, 22 de abril de 2008.
3 Ríos, Xulio. Taiwán, el problema de China. Ed. Catarata (Madrid). Pág. 141.
4 Cardozo, Gustavo A. China y América Latina: ¿Un nuevo frente ideológico?. En igadi.org, 11/05/2005
5 Burdman, Julio. América latina en la última batalla diplomática China-Taiwán. En revista Quórum, nº12.
Referencias:
1 ABC Color, 15 de abril de 2008.
2 ABC Color, Última hora y La Nación, 22 de abril de 2008.
3 Ríos, Xulio. Taiwán, el problema de China. Ed. Catarata (Madrid). Pág. 141.
4 Cardozo, Gustavo A. China y América Latina: ¿Un nuevo frente ideológico?. En igadi.org, 11/05/2005
5 Burdman, Julio. América latina en la última batalla diplomática China-Taiwán. En revista Quórum, nº12.
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