Después de casi dos siglos, China ha vuelto a ser protagonista en el mundo, algo que no es nuevo, ya que a comienzos del siglo XIX, su PBI representaba un tercio del mundial.
El retorno a su protagonismo surge ahora en plena globalización, a la que contribuye a impulsar y revolucionar.
Con una combinación peculiar, con la política cerrada y la economía abierta, va transformando, de a millones por año, a pobres del medio rural en consumidores urbanos: mientras que en 1978 sólo el 17% de la población china era urbana, hoy esa proporción se ubica en el 40%.
Es la economía emergente estrella y recibe inversión extranjera directa por billones. A pesar del creciente consumo e inversión domésticos, genera ahorros que permiten financiar una significativa fracción del déficit de cuenta corriente de los EEUU.
De este modo, explica en los últimos años una parte fundamental del aumento real del consumo mundial de materias primas y por ende de sus precios, los que también suben, en tiempos de turbulencias financieras, por razones especulativas.
Siempre conviene separar la paja del trigo. Lo financiero y especulativo tiene pinta de burbuja, coyuntural, pero, tras ella quedará el mayor consumo real, estructural, impulsado desde Asia y en particular desde China, lo que hará que los precios de las materias primas queden bastante por encima de los niveles que había antes de 2003.
Según datos de JPMorgan, en 2002-2005 China explicó el 60% del aumento total del volumen consumido en el mundo, de seis minerales y metales, el 56% en el caso de ocho productos agrícolas y el 39% del petróleo. Esto es real, no una burbuja financiera.
Y esto recién empieza. Con la urbanización y el desarrollo surge una creciente demanda por alimentos y viviendas. En el caso de los alimentos, el aumento del ingreso individual conduce a una mejor dieta y por lo tanto a una mayor demanda de carnes, cereales y oleaginosos, en este último caso no sólo para consumo humano sino también animal. En este contexto parece razonable que países como China procuren asegurarse disponer de alimentos en términos de largo plazo.
¿Qué rol puede desempeñar Uruguay en esta película? Uruguay dispone de los recursos naturales, tecnológicos y humanos para, en la medida que le da su escala, contribuir a satisfacer la necesidad de “seguridad alimenticia” de otros.
Es decir que tiene, relativamente, mucho para dar y por lo tanto también para pedir, que de eso se trata un acuerdo bilateral.
En definitiva, Uruguay está en muy buenas condiciones para participar de un eventual TLC con países como China. Falta, desde este lado, la definición de una Política de Estado en materia de inserción internacional que libere al Uruguay de las maneas que le impone el Mercosur.
El óptimo para nuestro país sería tener decenas de TLC´s que le permitieran una inserción externa abierta, plural y pro crecimiento. De nosotros depende, ya que las oportunidades, como pocas veces, están golpeando a nuestra puerta.
Con una combinación peculiar, con la política cerrada y la economía abierta, va transformando, de a millones por año, a pobres del medio rural en consumidores urbanos: mientras que en 1978 sólo el 17% de la población china era urbana, hoy esa proporción se ubica en el 40%.
Es la economía emergente estrella y recibe inversión extranjera directa por billones. A pesar del creciente consumo e inversión domésticos, genera ahorros que permiten financiar una significativa fracción del déficit de cuenta corriente de los EEUU.
De este modo, explica en los últimos años una parte fundamental del aumento real del consumo mundial de materias primas y por ende de sus precios, los que también suben, en tiempos de turbulencias financieras, por razones especulativas.
Siempre conviene separar la paja del trigo. Lo financiero y especulativo tiene pinta de burbuja, coyuntural, pero, tras ella quedará el mayor consumo real, estructural, impulsado desde Asia y en particular desde China, lo que hará que los precios de las materias primas queden bastante por encima de los niveles que había antes de 2003.
Según datos de JPMorgan, en 2002-2005 China explicó el 60% del aumento total del volumen consumido en el mundo, de seis minerales y metales, el 56% en el caso de ocho productos agrícolas y el 39% del petróleo. Esto es real, no una burbuja financiera.
Y esto recién empieza. Con la urbanización y el desarrollo surge una creciente demanda por alimentos y viviendas. En el caso de los alimentos, el aumento del ingreso individual conduce a una mejor dieta y por lo tanto a una mayor demanda de carnes, cereales y oleaginosos, en este último caso no sólo para consumo humano sino también animal. En este contexto parece razonable que países como China procuren asegurarse disponer de alimentos en términos de largo plazo.
¿Qué rol puede desempeñar Uruguay en esta película? Uruguay dispone de los recursos naturales, tecnológicos y humanos para, en la medida que le da su escala, contribuir a satisfacer la necesidad de “seguridad alimenticia” de otros.
Es decir que tiene, relativamente, mucho para dar y por lo tanto también para pedir, que de eso se trata un acuerdo bilateral.
En definitiva, Uruguay está en muy buenas condiciones para participar de un eventual TLC con países como China. Falta, desde este lado, la definición de una Política de Estado en materia de inserción internacional que libere al Uruguay de las maneas que le impone el Mercosur.
El óptimo para nuestro país sería tener decenas de TLC´s que le permitieran una inserción externa abierta, plural y pro crecimiento. De nosotros depende, ya que las oportunidades, como pocas veces, están golpeando a nuestra puerta.
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