En el 2007 la economía china volvió a sorprender al alza las expectativas de analistas y observadores internacionales creciendo un 11,9% interanual, su tasa más alta desde 1994. En conjunto, Asia emergente y América Latina registraron en 2007 crecimientos muy destacables de 9% y 6,4%, respectivamente y, en ambos casos, superiores al crecimiento del mundo de 5%.
La incógnita hacia delante es si China puede seguir creciendo al mismo ritmo y en ese contexto, cómo pueden los países de América Latina y en particular, Uruguay, impulsar su relación bilateral con China y aprovechar las oportunidades que se presentan con el crecimiento de la demanda china.
Estimaciones empíricas muestran que China estaría creciendo actualmente por encima de la capacidad de producción de su economía y, por tanto, debiera producirse un ajuste moderado hacia una composición más equilibrada que permita sostener tasas elevadas de crecimiento en el mediano plazo. Este sería el escenario que las autoridades chinas manejan en este momento y en el cual surgen incertidumbres pero también oportunidades para quienes puedan identificar los giros en materia de política económica y anticiparse.
Las oportunidades en el comercio
Las autoridades chinas reconocen la necesidad de una mayor orientación de su economía hacia el consumo privado frente a la inversión, el cual ha sido el principal motor del crecimiento chino y el origen del fuerte incremento en la demanda de materias primas. Según estadísticas chinas (1), el comercio total (exportaciones e importaciones) con América Latina superó los 100 mil millones de dólares el pasado año y creció un 46,2% interanual, el doble de rápido que su comercio con el mundo. En términos reales, el comercio con América Latina es 10,4 veces mayor que al inicio de la década frente a 4 veces el crecimiento del comercio total chino y ha duplicado su cuota en el mismo período en detrimento de la participación de Estados Unidos o Asia.
La incógnita hacia delante es si China puede seguir creciendo al mismo ritmo y en ese contexto, cómo pueden los países de América Latina y en particular, Uruguay, impulsar su relación bilateral con China y aprovechar las oportunidades que se presentan con el crecimiento de la demanda china.
Estimaciones empíricas muestran que China estaría creciendo actualmente por encima de la capacidad de producción de su economía y, por tanto, debiera producirse un ajuste moderado hacia una composición más equilibrada que permita sostener tasas elevadas de crecimiento en el mediano plazo. Este sería el escenario que las autoridades chinas manejan en este momento y en el cual surgen incertidumbres pero también oportunidades para quienes puedan identificar los giros en materia de política económica y anticiparse.
Las oportunidades en el comercio
Las autoridades chinas reconocen la necesidad de una mayor orientación de su economía hacia el consumo privado frente a la inversión, el cual ha sido el principal motor del crecimiento chino y el origen del fuerte incremento en la demanda de materias primas. Según estadísticas chinas (1), el comercio total (exportaciones e importaciones) con América Latina superó los 100 mil millones de dólares el pasado año y creció un 46,2% interanual, el doble de rápido que su comercio con el mundo. En términos reales, el comercio con América Latina es 10,4 veces mayor que al inicio de la década frente a 4 veces el crecimiento del comercio total chino y ha duplicado su cuota en el mismo período en detrimento de la participación de Estados Unidos o Asia.
Sin embargo, el saldo comercial sigue siendo deficitario para América Latina incluso tras fuertes subidas en los precios de las materias primas, las cuales representan más del 60% de las importaciones chinas de la región.
Si bien el proceso de urbanización en China sostendrá su demanda de importaciones de materias primas, también traerá consigo un mayor aumento en la disparidad de rentas entre la población rural y urbana con el consiguiente descenso en mano de obra rural, reducción de la superficie cultivada y un deterioro acelerado del medio ambiente y de los recursos naturales.
Según estimaciones de las Naciones Unidas, sólo un 15% del territorio chino es susceptible de uso agrícola y un 70% de dicha área estaría ya bajo explotación.
Las cifras en Uruguay son a la inversa, el 70% sería susceptible de uso pero menos del 10% estaría utilizado lo cual unido a los estándares medioambientales relativamente más elevados, explican la ventaja comparativa de Uruguay en el sector agropecuario.
Según estimaciones de las Naciones Unidas, sólo un 15% del territorio chino es susceptible de uso agrícola y un 70% de dicha área estaría ya bajo explotación.
Las cifras en Uruguay son a la inversa, el 70% sería susceptible de uso pero menos del 10% estaría utilizado lo cual unido a los estándares medioambientales relativamente más elevados, explican la ventaja comparativa de Uruguay en el sector agropecuario.
Salvo por ciertos productos agroindustriales como la soja o los aceites comestibles, China no ha sido tradicionalmente importadora neta de productos alimenticios.
Sin embargo, esta situación podría estar cambiando tanto por factores de oferta como de demanda. La reducción en la oferta en China acelera la necesidad de importar biotecnología para el aumento de la productividad agrícola y ganadera mientras que el incremento de la renta per cápita conlleva un aumento de la demanda de productos de mayor precio y contenido calórico tales como lácteos y cárnicos.
En reconocimiento a dicho desequilibrio, el Gobierno chino acaba de anunciar el pasado mayo una reducción significativa de las tarifas a la importación de carnes y productos agropecuarios en 2008 y aunque la medida sea en principio de carácter temporal, señala un cambio importante en la actitud de las autoridades hacia una mayor flexibilidad en este sector.

La inversión directa de China hacia el exterior
En los últimos años, cabe destacar el aumento de los flujos de inversión directa china al exterior y las oportunidades que presenta para los países de destino. En concreto, los flujos de inversión directa al exterior han pasado de menos de mil millones de dólares en 1990 a cerca de 19 mil millones de dólares el año pasado, un crecimiento medio anual de 60% frente a un crecimiento medio de 26% en la IDE recibida en el mismo periodo.
El factor tras el despegue de la inversión china en el exterior es institucional, dirigido hacia áreas y destinos geográficos señalados por el gobierno chino como prioritarios, principalmente, sector de energía y recursos naturales, tecnológico y financiero.
El Gobierno central es clave en la aprobación y selección del destino de la inversión, a la vez que los gobiernos provinciales juegan un papel cada vez más importante puesto que en 2007 representaron cerca de ¼ de la inversión directa china hacia el exterior.
Por otro lado, cerca del 60% del comercio chino se realiza por empresas de inversión extranjera que producen en China y exportan a otros países.
De manera similar, México ha sido tradicionalmente la base de re-exportación de los países asiáticos a Norteamérica mientras que Chile era el puerto de entrada hacia el Mercosur.
En este último caso, la distancia desde el puerto de Shanghai hasta Valparaíso (Chile) es apenas dos mil kilómetros y un día menos de transporte que de Shanghai a Montevideo.
Una mayor competitividad en infraestructuras portuarias y logística podría ser, por tanto, un factor decisivo para atraer la inversión de las economías asiáticas con destino al mercado del Cono Sur.
En el caso de China, hay que tener en cuenta además que la inversión directa al exterior está dirigida por el gobierno, hacia sectores prioritarios y estratégicos, realizada en su mayoría por empresas estatales mientras que en el sector no-estatal, el objetivo de su inversión directa es la apertura de nuevos mercados, con preferencia por países con una regulación relativamente flexible y en el marco de un estrategia de expansión global.
En definitiva, el mejor conocimiento de las características y la evolución de la política económica china permitirán identificar y desarrollar finalmente las oportunidades que presenta China para Uruguay.
(*)(Economista para Asia del Servicio de Estudios Economicos de BBVA en Hong Kong
(1) Según datos del FMI, en 2007 alcanza cerca de 100 millones de dólares. Existen discrepancias significativas en algunos casos con las estadísticas de comercio chinas pero se derivan, por lo general, de diferencias en los criterios de devengo y valoración, entre otros.
Sin embargo, esta situación podría estar cambiando tanto por factores de oferta como de demanda. La reducción en la oferta en China acelera la necesidad de importar biotecnología para el aumento de la productividad agrícola y ganadera mientras que el incremento de la renta per cápita conlleva un aumento de la demanda de productos de mayor precio y contenido calórico tales como lácteos y cárnicos.
En reconocimiento a dicho desequilibrio, el Gobierno chino acaba de anunciar el pasado mayo una reducción significativa de las tarifas a la importación de carnes y productos agropecuarios en 2008 y aunque la medida sea en principio de carácter temporal, señala un cambio importante en la actitud de las autoridades hacia una mayor flexibilidad en este sector.
La inversión directa de China hacia el exterior
En los últimos años, cabe destacar el aumento de los flujos de inversión directa china al exterior y las oportunidades que presenta para los países de destino. En concreto, los flujos de inversión directa al exterior han pasado de menos de mil millones de dólares en 1990 a cerca de 19 mil millones de dólares el año pasado, un crecimiento medio anual de 60% frente a un crecimiento medio de 26% en la IDE recibida en el mismo periodo.
El factor tras el despegue de la inversión china en el exterior es institucional, dirigido hacia áreas y destinos geográficos señalados por el gobierno chino como prioritarios, principalmente, sector de energía y recursos naturales, tecnológico y financiero.
El Gobierno central es clave en la aprobación y selección del destino de la inversión, a la vez que los gobiernos provinciales juegan un papel cada vez más importante puesto que en 2007 representaron cerca de ¼ de la inversión directa china hacia el exterior.
De manera similar, México ha sido tradicionalmente la base de re-exportación de los países asiáticos a Norteamérica mientras que Chile era el puerto de entrada hacia el Mercosur.
En este último caso, la distancia desde el puerto de Shanghai hasta Valparaíso (Chile) es apenas dos mil kilómetros y un día menos de transporte que de Shanghai a Montevideo.
Una mayor competitividad en infraestructuras portuarias y logística podría ser, por tanto, un factor decisivo para atraer la inversión de las economías asiáticas con destino al mercado del Cono Sur.
En el caso de China, hay que tener en cuenta además que la inversión directa al exterior está dirigida por el gobierno, hacia sectores prioritarios y estratégicos, realizada en su mayoría por empresas estatales mientras que en el sector no-estatal, el objetivo de su inversión directa es la apertura de nuevos mercados, con preferencia por países con una regulación relativamente flexible y en el marco de un estrategia de expansión global.
En definitiva, el mejor conocimiento de las características y la evolución de la política económica china permitirán identificar y desarrollar finalmente las oportunidades que presenta China para Uruguay.
(*)(Economista para Asia del Servicio de Estudios Economicos de BBVA en Hong Kong
(1) Según datos del FMI, en 2007 alcanza cerca de 100 millones de dólares. Existen discrepancias significativas en algunos casos con las estadísticas de comercio chinas pero se derivan, por lo general, de diferencias en los criterios de devengo y valoración, entre otros.
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