Las relaciones entre China y el continente africano a partir de la segunda mitad del silgo XX hasta nuestros días, han pasado por etapas muy diferentes.
La primera de ellas viene marcada por el discurso ideológico en pleno contexto de le guerra fría. La RPCh, con Mao Zedong a la cabeza, trazó una línea de actuación para con el continente africano marcado por el apoyo a los movimientos anticoloniales y de independencia africanos.
Fue durante la conferencia afro-asiática de Bandung (1955) donde China formalizó el apoyo al Tercer Mundo y dejó ver las líneas generales de su política exterior entre los años 1950-1970. Dicha política tenía como finalidad contrarrestar la influencia de las grandes potencias del momento (EE UU y la URSS) movilizando a las naciones africanas en contra de éstas.
La ayuda china a varios países africanos no se limitó exclusivamente a lo militar, sino también en materias como la agricultura, pesca, textil, energía o transporte (como la línea de ferrocarril que unió Zambia y Tanzania).
Pese a que el periodo de la Revolución Cultural debilitó drásticamente la comunicación entre China y África, puede decirse que entre los años 1950-1970, la percepción china de África iba marcada por necesidades ideológicas, así como de la necesidad vital de ganar peso internacionalmente, en detrimento de Taiwán.
La siguiente etapa correspondería a la llegada de las reformas y la apertura económica impulsada por Deng Xiaoping. Durante la década de los 80, China establece una política de entrada en África cada vez más alejada del discurso revolucionario y con la intención de incrementar las relaciones comerciales con los diferentes países del continente africano.
En los años 90, las relaciones siguieron creciendo. La visita de Jian Zeming a seis países africanos consolidó los siguientes “cinco puntos”, los cuales serían la base de las futuras relaciones sino-africanas: 1) una amistad sincera, 2) interacción basada en la igualdad, 3) respeto por la soberanía, 4) la no-intervención en asuntos internos y 5) desarrollo común sobre el beneficio mutuo. Durante esta visita se firmaron 23 acuerdos de cooperación económica y técnica con los citados seis países.
La política africana de Jian Zeming derivó en el Programa de Cooperación sino-africana para el Desarrollo Económico y Social, adoptado en la conferencia sino-africana de alto nivel ministerial del año 2000 donde, entre otras cosas, Beijing se comprometió a invertir en países africanos con el objetivo de establecer empresas conjuntas con el apoyo del Banco de Desarrollo Africano. Desde entonces, ya son tres los encuentros de alto nivel entre homólogos chinos y africanos, con el objetivo de reforzar los lazos económicos, sociales y culturales.
La cuestión energética
China se ha convertido en un “devorador” de recursos energéticos, siendo ya el segundo consumidor mundial. Ello implica velar por la seguridad energética nacional y para este propósito la relación con los países africanos se ha vuelto estratégica para el Gobierno de Beijing.
El gigante asiático importa más del 20% de los recursos petrolíferos africanos, donde Sudán, Angola y Nigeria son sus principales proveedores de crudo, aumentando además su presencia en otros países africanos y compitiendo directamente con Europa y EE UU.
Otros productos como el cobre de Zambia, o el cobalto del Congo, son también de gran interés y motivo de inversión por parte de China.
A modo de síntesis, la necesidad de recursos energéticos marcan en gran medida las relaciones sino-africanas contemporáneas. Dicha sed de recursos naturales, no obstante, está generando una serie de problemas en África tanto de tipo medioambiental como social que deben ser tenidos en cuenta.
(*) Cordinador general de Global Asia