China: del pasado al futuro



Por Gustavo Cardozo (*)



La sombra proyectada por 1400 millones de chinos reemplaza en el mundo actual, la imagen de un viejo Imperio esclerosado y sumergido bajo la regencia de Occidente. China pasó de una civilización a otra en el transcurso de este último siglo; Emperadores, mandarines, poetas, oficiales chinos y occidentales, revolucionarios, misioneros, todos partes de sucesos tan extensos y profundos en el sentir nacional que compusieron capítulos fantásticos de los relatos históricos del gigante asiático.

El trafico de Opio, el saqueo del Palacio de Verano, los 55 días del sitio de las Legaciones extranjeras por los Bóxers, la existencia del Ejercito Rojo y el Kuomintang, ceden las palabras a los animadores del prodigioso cambio estructural: Sun Yat-Sen, Chiang Kai-Shek, Mao Zedong, Deng Xiaoping, testigos directos del nuevo mundo de gestación; la China de hoy, la China de mañana.

La sociedad china prosperó a partir del siglo XX a una evolución permanente que desafía sus raíces, al tiempo que la transfigura en la más dinámica del mundo. La devoción a lo contemporáneo substituye lentamente las bases históricas de una civilización que, desde su asentamiento en la cuenca del Río Amarillo hace 4.000 años, se basó en una visión del cosmos como todo orgánico. Esa armonía universal que se quebraba cuando el hombre se rebelaba contra el orden establecido; el Emperador, el padre de todos, el hijo del cielo, solo es un recuerdo.

Las enseñanzas de Lao Tse y Confucio, recopiladas y recogidas, fueron credos de los gobernantes, hondamente pragmáticos. Con la Revolución Cultural no hubo contradicción entre estas y el comunismo en lo que se refiere a la socialización del bien (la formación) y el equilibrio universal, las diferencias esenciales se dieron sobre las fidelidades. Toda moral estricta y digna fue defendida por los comunistas; la devoción a la patria como estandarte de la lucha contra la corrupción espiritual que inundaba la Nación generó un “retroceso” del cual China tardo años en superar.

La sustitución de los tradicionales mandarines por cuadros del Partido Comunista Chino –PCCh- fue aceptada, no lo es el grado de corrupción que han alcanzado muchos de ellos, ni el individualismo que persiguen, tan alejados del individuo noble de Confucio. La Administración china, que durante el lapso de Mao fue en general convenientemente recta, se ha descargado frenética por la vía de la adquisición rápida, en la que la especulación está al orden del día. Se trata de una manifestación que suscita en el compuesto social chino una desavenencia con el orden y con los ideales tanto comunistas como confucianos, se trasluce en un vació espiritual en el que la tradición laica del pueblo abre sus puertas a las más diversas religiones y sectas.

Amordazados desde la campaña maoísta de 1957 bajo el lema -Dejad florecer cien flores, dejad que cien escuelas compitan entre ellas- que se cobró el alto precio del destierro al campo durante más de dos décadas, los intelectuales chinos tan venerados en el pasado imperial, descubrieron a finales de este siglo que habían dejado de ser la conciencia del pueblo. Poetas, escritores, filósofos y eruditos parecían haberse dejado ganar la batalla por el gobierno. Sin embargo, las nuevas generaciones surgidas de los tiempos actuales de bonanza económica, prevén un futuro en el cual estos sectores se pongan a la vanguardia en la lucha por la democratización del país y la mayor libertad de prensa.

El descontento obrero y campesino se manifestó por muchos años en miles de pequeños incidentes y manifestaciones. La muerte de la división popular atizó un giro profundo a los principios del Gran Timonel (Mao) y colocó a 800 millones de campesinos, el 80% de los 1.000 millones de habitantes de China a fines de los ´70, en la escena de las cuatro modernizaciones emprendidas por el Pequeño Timonel (Deng). El boom de la agricultura se plasmó en la aparición de decenas de miles de pequeñas industrias rurales en las que los campesinos invertían sus ahorros o se endeudaban en un crédito bancario con el ideal de enriquecerse.

El alma del dogmatismo comunista se fue agotando por falta de apoyo institucional; el gobierno se movía seducido por los trayectos de la rotación tecnológica e industrial que bañaban sus costas. Daba la imagen que el Estado padre se olvidaba de sus hijos; el abismo entre el Este y el Oeste, entre los ricos y los más pobres asoma con 900 millones de personas registradas como campesinos...China continuara siendo la mayor revolución económica que vive el mundo.

¿Qué gran salto afronta China en la actualidad?, ¿Que hechos configuran la realidad del pasado y presente nacional? En el plano interno, la renovación del liderazgo político ha supuesto la irrupción de una nueva generación de dirigentes con perspectivas más tecnocráticas. Una generación que, favorecida por el vivaz crecimiento e integración, estará factiblemente más sujeta a libertades y aperturas políticas. Gracias a los cambios de objetivos- lucha de clases y la revolución permanente de la etapa maoísta a la modernización económica- el pueblo chino se ha beneficiado de un relajamiento de la atmósfera social...lo externo evoluciona en China de la misma forma que su cultura se derrama por el mundo.

Los ímpetus económicos tienen una dimensión que supera los términos rigurosamente productivos; los pronósticos apuntan a que su economía podrá sostener la tasa de crecimiento relativamente alta, asentada en una favorable solvencia. China se está convirtiendo así en un actor decisivo de la economía mundial. Sin embargo, su escenario interno es sensible, los desafíos principales se dan en la construcción de un sistema de seguridad social que otorgue a la población nacional beneficios y una protección mínima frente a hechos no favorables; el aumento de desempleo, déficit en salud, calidad medio ambiental, etc.

Desde los tiempos de Yehenara o mundialmente conocida Emperatriz Tzu Hsi, y pasando por las más diversas etapas de crisis, China inicio sobre el borde del abismo, una revolución sin precedentes en su amplia y milenaria historia, caracterizada por un marco económico pragmático y el traspaso lento hacia un capitalismo con características chinas, sobre la base de una estructura institucional jerarquizada y centralizada en el PCCh. Estos y muchos otros ejemplos podrían citarse para no dejar en duda respecto de las impresionantes conquistas que China ha sido y es capaz de lograr. Muchas veces nos volvemos hacia la medicina tradicional china en busca de una clave para un futuro más duradero; China representa eso...secuencia entre lo moderno y lo antiguo. ¿Qué podemos decir de los aspectos más amplios?, ¿Qué podemos conjeturar en las futuras orientaciones de este enorme país asiático?

China comunista es una Nación que en los siglos XVIII y XIX absorbió a Occidente de forma traumática, también en la primera mitad del siglo XX. Hoy en día no es posible dar respuestas concretas al contexto de la evolución social, política y económica de este país. Solo nos queda permanecer alerta, vigilando su curso, pero asimilando esencialmente no subestimar su potencial y su fuerza, ya que la China del ayer, nunca más será la China del mañana.



(*) Coordinador Programa Asia-Pacífico (CAEI)




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