1. Persistencia y nuevas vías de relacionamiento
Un rasgo de la diversidad de los vínculos externos desarrollados por los países latinoamericanos, surge al comprobar la intensidad de las relaciones con la República Popular China en los planos, político, económico, cultural y científico-técnico. A comienzos del siglo XXI, China y ALC muestran coincidentes intereses y puntos de identificación en el desarrollo de similares agendas públicas orientadas hacia el desarrollo equitativo, la superación de la pobreza, la cohesión social y la preocupación central por la estabilidad interna.
Es indudable que para ALC, el “factor China” ha pasado a ser clave en la orientación de recursos humanos, financieros y económicos aplicados a la acción diplomática, la negociación económica, la planificación de políticas y el diseño de estrategias de largo plazo bajo la presunción del creciente poder global chino.
En este marco, la conmemoración de los 30 años (1978-2008) del inicio de la Política de Reforma y Apertura, encuentran a China y ALC atravesando una etapa promisoria en sus relaciones que aúnan tradiciones, valores e ideas que como constantes sostienen similares intereses, al mismo tiempo que introducen novedosos cauces de acción tanto en los planos bilateral, como multilateral e interregional.
2. Factores a considerar
La persistencia de imágenes rectoras, acercan políticamente a China y ALC. La concepción china de las relaciones interestatales asume que los países latinoamericanos forman parte del mundo en desarrollo, conservan una historia y tradición política compartidas sobre “no alineamiento” aplicado a la cooperación política y la militancia anti hegemónica.
En segundo lugar, el proceso de transformación económica de China genera mayor dependencia externa de insumos y materias primas, por lo tanto, ALC recobran importancia estratégica como reservorio de materias primas y recursos naturales esenciales para sostener el acelerado crecimiento económico chino.
En tercer lugar, ALC es todavía un “campo de batalla” político-diplomático entre China y Taiwán. En este sentido, ALC representa un “capital político” determinante en la orientación de recursos financieros, económicos, políticos y militares a fin de aumentar la presión internacional (contención) sobre Taipei y forzar el cambio de lealtades diplomática a su favor en particular en América central.
Cuarto, aún cuando ALC no representa una prioridad – ni lo será – para la política exterior china (1), una activa diplomacia multi radial permite el despliegue de su poder en la región. ALC forma parte del ejercicio diplomático chino encaminado a sostener su “ascenso pacífico” (peaceful development strategy) en la jerarquía de poder mundial.
Para el logro de estos objetivos, los recursos son múltiples y variados: alianzas bilaterales, participación en iniciativas subregionales de cooperación política e integración económica (MERCOSUR, ALADI), participación en la institucionalidad hemisférica (OEA, BID, Pacto Andino), y fomento del interegionalismo entre Asia y ALC (i.e.: Foro de Cooperación Este de Asia América Latina - FOCALAE).
En quinto lugar, China ajusta su política exterior en ALC para no confrontar directamente con Estados Unidos.
Es evidente que en AL China demuestra capacidad de maniobra e influencia como actor global en un área geográficamente alejada de su primer círculo de intereses estratégicos (el Noreste y Sudeste de Asia).
El debilitamiento de la capacidad estadounidense por imponer coaliciones (coalition of willings), el fracaso en la guerra de Irak y la oposición en ALC al proyecto hemisférico de integración (ALCA), constituyen restricciones para EE UU que China ha sabido aprovechar.
Es evidente que en AL China demuestra capacidad de maniobra e influencia como actor global en un área geográficamente alejada de su primer círculo de intereses estratégicos (el Noreste y Sudeste de Asia).
El debilitamiento de la capacidad estadounidense por imponer coaliciones (coalition of willings), el fracaso en la guerra de Irak y la oposición en ALC al proyecto hemisférico de integración (ALCA), constituyen restricciones para EE UU que China ha sabido aprovechar.
Otros factores como la negativa imagen estadounidense en la región, los movimientos sociales críticos (indigenismo) de la posición de Washington y la preeminencia de gobiernos nacional – populistas y de izquierda en ALC que ven a China como “una tercera vía” para alcanzar el desarrollo económico, amplían sus espacios de influencia en la región.
La China presente en ALC trasciende las fronteras del macizo continental, incluyendo intereses económicos de firmas y grupos empresarios de Hong Kong, aunque confrontados políticamente, de Taiwán en América Central, el creciente activismo del “pequeño universo” lusitano representado por Macao (SAR) en sus vínculos con Brasil y la inclusión sinérgica de actores no estatales como las comunidades chinas de ultramar en la región.
Los vínculos entre actores no gubernamentales abren canales complementarios a la diplomacia pública mediante la activa presencia de organizaciones empresarias y centros académicos que promueven el desarrollo de negocios y los intercambios sociales.
Observando la matriz de vinculación económica entre China y ALC surgen diversas consideraciones.
En primer lugar, China define (junto con otros actores como India y Rusia) una nueva realidad geo económica latinoamericana orientando los procesos regionales de producción, infraestructura y desarrollo logístico hacia su poderoso mercado.
La coincidencia entre flujos de IED china hacia la región localizada mayormente en sectores extractivos (como en Africa) acompañados por el desarrollo de infraestructura carretera, portuaria, vial que asegure la rápida y eficiente salida de bienes y servicios hacia los puertos del Pacífico, supone el paulatino corrimiento “hacia el oeste” de las capacidades de producción y comercialización exportadora latinoamericanas a fin de conquistar los mercados asiáticos en general y el chino en particular.
Ejemplos concretos de la complementariedad existente devienen de la presencia de firmas transnacionales chinas (ETNs) en ALC seguidas por otras de menor escala que buscan aprovechar oportunidades abiertas en mercados en expansión o acceder a ventajas arancelarias intrazona.
Como resultado, Venezuela es el primer receptor de inversiones chinas (IED) en ALC, seguida por Brasil, Chile y Cuba. Empresas chinas como Chinalco (productora de aluminio) en Perú, MCC (minera) en la producción de mineral de hierro en Argentina, las operaciones conjuntas en el sector energético de Sinopec y Petrochem en Venezuela y Ecuador, la instalación de Zhongxing Automobile en Méjico (con el objetivo de exportar el 25% de la producción a EE.UU a partir de 2009) o las efectuadas por la empresa automotriz privada Chery Automotive en Uruguay (Chery-SOCMA) por U$S 12 millones a fin de ensamblar automóviles con destino al MERCOSUR, definen el interés chino por tomar posiciones tanto en sectores extractivos como industriales en la región.
La presencia de firmas mineras y energéticas chinas en Bolivia destaca la importancia que China otorga a un país clave en la ecuación energética sudamericana.
El activismo empresarial chino ha sido también correspondido por el interés de firmas latinoamericanas ávidas por participar de un mercado en expansión como el chino; ejemplo son las alianzas establecidas con socios locales por parte de Embraer y Petrobrás (Brasil), PDVSA (Venezuela), y CODELCO (Chile), entre otras.
3. Mirando hacia delante: claroscuros y oportunidades
Los impactos en el largo plazo generados por China en ALC introducen dilemas respecto de la futura evolución de los vínculos intraregionales.
En este marco, la reflexión sobre los futuros escenarios, distribución del poder en el sistema internacional y el lugar que ocupará China entre las potencias en el siglo XXI, difícilmente pueda soslayar la necesidad de mayores dosis de cooperación, coordinación e integración regional a fin de garantizar la representatividad de la región en la futura distribución del poder mundial.
Sirva como ejemplo para convalidar lo expuesto, imaginar el escenario previsto de integración en Asia Oriental liderado por China como centro de poder político, económico y militar lo cual obliga a repensar capacidades latinoamericanas de articulación con áreas integradas o bloques económicos en Asia que subsuman incluso a Corea del Sur, Japón y el Sudeste de Asia (ASEAN).
En este orden, China plantea acalorados debates aún no resueltos.
En primer lugar, en el corto plazo el “factor China” destaca puras ventajas tales como crecimiento económico, potencia exportadora y ganancias de autonomía externa. Frente a este enfoque, posiciones discordantes asumen a China como un factor de riesgo que afiance el subdesarrollo estructural latinoamericano en tanto una matriz de dependencia económica en el intercambio comercial materias primas-manufacturas se consolide.
Desde esta perspectiva, China convalidaría un tipo de intercambio complementario y neo mercantilista perjudicial para la región en el largo plazo.
Asimismo, la emergencia de China supone repensar la vigencia de la “tradicional” geometría de alianzas latinoamericanas con Europa y Estados Unidos.
En tal sentido, los países latinoamericanos deberían observar las perspectivas que les brindan las “ofertas de liberalización” y apertura comercial asiáticas frente a las duras posiciones sostenidas por los mercados europeos e incluso los Estados Unidos.
Gobernabilidad y defensa regional también pueden ser reinterpretadas incluyendo el “factor China”. Aún sin ser mencionada explícitamente, China” forma parte de las hipótesis de conflicto elaboradas por distintos países latinoamericanos.
Las políticas de defensa en diversos países de la región incluyen entre las principales amenazas actores “externos hostiles” apremiados por acceder a vastos recursos naturales (biodiversidad, agua, minerales, tierras agrícolas, hidrocarburos).
Aún así, en el despliegue futuro de intereses chinos en ALC, Perú, Chile, Venezuela, Brasil y Colombia (por su “proyección bioceánica”) adquieren importancia política y económica a fin de satisfacer la creciente demanda de recursos estratégicos.
La interrelación China-ALC verá madurar sus beneficios a través de una malla de acuerdos preferenciales de comercio (TLCs, Chile.-China, Perú-China) que acercarán aún más a las partes. Tampoco puede descartarse una mejora en las relaciones económicas entre MERCOSUR y China una vez que asuma el nuevo gobierno en Paraguay.
Conclusiones
El mapa de vinculaciones externas de los países latinoamericanos demuestra que en mayor o menor grado han reorientado sus prioridades externas considerando central en sus estrategias el “factor China”.
Es evidente que la geografía económica mundial muta hacia un sistema de variados centros entre los cuales China será una ellas. En quince años triplicó su participación en la producción mundial de bienes y servicios, la economía ha crecido a una tasa promedio anual del 9,8% durante la última década.
Si bien el menú de oportunidades parece amplio, hacia el largo plazo surgen interrogantes a ser develados. La presencia china en la región genera reacomodamientos geopolíticos y geoeconómicos que deben ser orientados de manera tal que favorezcan la gobernabilidad regional, no alienten preferencias unilaterales de los Estados por sobre las colectivas o agudicen fracturas norte – sur o este – oeste en la región. El “factor China” es y será cada vez más determinante en la presente y futura organización del espacio geo económico latinoamericano pudiendo introducir tensiones que deben ser analizadas.
(*) Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET), Profesor del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), y de las Universidades Torcuato Di tella y del Salvador
La China presente en ALC trasciende las fronteras del macizo continental, incluyendo intereses económicos de firmas y grupos empresarios de Hong Kong, aunque confrontados políticamente, de Taiwán en América Central, el creciente activismo del “pequeño universo” lusitano representado por Macao (SAR) en sus vínculos con Brasil y la inclusión sinérgica de actores no estatales como las comunidades chinas de ultramar en la región.
Los vínculos entre actores no gubernamentales abren canales complementarios a la diplomacia pública mediante la activa presencia de organizaciones empresarias y centros académicos que promueven el desarrollo de negocios y los intercambios sociales.
Observando la matriz de vinculación económica entre China y ALC surgen diversas consideraciones.
En primer lugar, China define (junto con otros actores como India y Rusia) una nueva realidad geo económica latinoamericana orientando los procesos regionales de producción, infraestructura y desarrollo logístico hacia su poderoso mercado.
La coincidencia entre flujos de IED china hacia la región localizada mayormente en sectores extractivos (como en Africa) acompañados por el desarrollo de infraestructura carretera, portuaria, vial que asegure la rápida y eficiente salida de bienes y servicios hacia los puertos del Pacífico, supone el paulatino corrimiento “hacia el oeste” de las capacidades de producción y comercialización exportadora latinoamericanas a fin de conquistar los mercados asiáticos en general y el chino en particular.
Ejemplos concretos de la complementariedad existente devienen de la presencia de firmas transnacionales chinas (ETNs) en ALC seguidas por otras de menor escala que buscan aprovechar oportunidades abiertas en mercados en expansión o acceder a ventajas arancelarias intrazona.
Como resultado, Venezuela es el primer receptor de inversiones chinas (IED) en ALC, seguida por Brasil, Chile y Cuba. Empresas chinas como Chinalco (productora de aluminio) en Perú, MCC (minera) en la producción de mineral de hierro en Argentina, las operaciones conjuntas en el sector energético de Sinopec y Petrochem en Venezuela y Ecuador, la instalación de Zhongxing Automobile en Méjico (con el objetivo de exportar el 25% de la producción a EE.UU a partir de 2009) o las efectuadas por la empresa automotriz privada Chery Automotive en Uruguay (Chery-SOCMA) por U$S 12 millones a fin de ensamblar automóviles con destino al MERCOSUR, definen el interés chino por tomar posiciones tanto en sectores extractivos como industriales en la región.
La presencia de firmas mineras y energéticas chinas en Bolivia destaca la importancia que China otorga a un país clave en la ecuación energética sudamericana.
El activismo empresarial chino ha sido también correspondido por el interés de firmas latinoamericanas ávidas por participar de un mercado en expansión como el chino; ejemplo son las alianzas establecidas con socios locales por parte de Embraer y Petrobrás (Brasil), PDVSA (Venezuela), y CODELCO (Chile), entre otras.
3. Mirando hacia delante: claroscuros y oportunidades
Los impactos en el largo plazo generados por China en ALC introducen dilemas respecto de la futura evolución de los vínculos intraregionales.
En este marco, la reflexión sobre los futuros escenarios, distribución del poder en el sistema internacional y el lugar que ocupará China entre las potencias en el siglo XXI, difícilmente pueda soslayar la necesidad de mayores dosis de cooperación, coordinación e integración regional a fin de garantizar la representatividad de la región en la futura distribución del poder mundial.
Sirva como ejemplo para convalidar lo expuesto, imaginar el escenario previsto de integración en Asia Oriental liderado por China como centro de poder político, económico y militar lo cual obliga a repensar capacidades latinoamericanas de articulación con áreas integradas o bloques económicos en Asia que subsuman incluso a Corea del Sur, Japón y el Sudeste de Asia (ASEAN).
En este orden, China plantea acalorados debates aún no resueltos.
En primer lugar, en el corto plazo el “factor China” destaca puras ventajas tales como crecimiento económico, potencia exportadora y ganancias de autonomía externa. Frente a este enfoque, posiciones discordantes asumen a China como un factor de riesgo que afiance el subdesarrollo estructural latinoamericano en tanto una matriz de dependencia económica en el intercambio comercial materias primas-manufacturas se consolide.
Desde esta perspectiva, China convalidaría un tipo de intercambio complementario y neo mercantilista perjudicial para la región en el largo plazo.
Asimismo, la emergencia de China supone repensar la vigencia de la “tradicional” geometría de alianzas latinoamericanas con Europa y Estados Unidos.
En tal sentido, los países latinoamericanos deberían observar las perspectivas que les brindan las “ofertas de liberalización” y apertura comercial asiáticas frente a las duras posiciones sostenidas por los mercados europeos e incluso los Estados Unidos.
Gobernabilidad y defensa regional también pueden ser reinterpretadas incluyendo el “factor China”. Aún sin ser mencionada explícitamente, China” forma parte de las hipótesis de conflicto elaboradas por distintos países latinoamericanos.
Las políticas de defensa en diversos países de la región incluyen entre las principales amenazas actores “externos hostiles” apremiados por acceder a vastos recursos naturales (biodiversidad, agua, minerales, tierras agrícolas, hidrocarburos).
Aún así, en el despliegue futuro de intereses chinos en ALC, Perú, Chile, Venezuela, Brasil y Colombia (por su “proyección bioceánica”) adquieren importancia política y económica a fin de satisfacer la creciente demanda de recursos estratégicos.
La interrelación China-ALC verá madurar sus beneficios a través de una malla de acuerdos preferenciales de comercio (TLCs, Chile.-China, Perú-China) que acercarán aún más a las partes. Tampoco puede descartarse una mejora en las relaciones económicas entre MERCOSUR y China una vez que asuma el nuevo gobierno en Paraguay.
Conclusiones
El mapa de vinculaciones externas de los países latinoamericanos demuestra que en mayor o menor grado han reorientado sus prioridades externas considerando central en sus estrategias el “factor China”.
Es evidente que la geografía económica mundial muta hacia un sistema de variados centros entre los cuales China será una ellas. En quince años triplicó su participación en la producción mundial de bienes y servicios, la economía ha crecido a una tasa promedio anual del 9,8% durante la última década.
Si bien el menú de oportunidades parece amplio, hacia el largo plazo surgen interrogantes a ser develados. La presencia china en la región genera reacomodamientos geopolíticos y geoeconómicos que deben ser orientados de manera tal que favorezcan la gobernabilidad regional, no alienten preferencias unilaterales de los Estados por sobre las colectivas o agudicen fracturas norte – sur o este – oeste en la región. El “factor China” es y será cada vez más determinante en la presente y futura organización del espacio geo económico latinoamericano pudiendo introducir tensiones que deben ser analizadas.
(*) Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET), Profesor del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), y de las Universidades Torcuato Di tella y del Salvador
(1) Orientación hecha evidencia en la “Estrategia de la Paloma de la Paz”, documento elaborado por el Profesor He Chuanqi de la Academia China de Ciencias Sociales (CASS).
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